Hay fechas que no necesitan grandes discursos. San Valentín es una de ellas. No por lo que se compra, sino por lo que nos recuerda: que el amor —en todas sus formas— necesita tiempo, espacio y un lugar donde respirar.
Quizá por eso, cada vez que pienso en parejas, inevitablemente vuelvo a Menorca. A sus calas que nos obligan a bajar el ritmo, a los caminos que se recorren mejor en pareja, a ese silencio que solo se comparte con quien te hace sentir en casa. Menorca tiene esa manera tan suya de convertir lo cotidiano en algo íntimo.
En mis ilustraciones de parejas en la isla intento capturar justo eso: momentos pequeños que, sin pretenderlo, se vuelven esenciales. Una mirada en el faro de Cavalleria, un paseo por el Camí de Cavalls, un desayuno lento frente al puerto de Ciutadella. Escenas que no hablan de perfección, sino de confianza.
San Valentín puede ser una excusa —o una invitación— para recordar esos instantes que construyen nuestra historia. No hace falta celebrarlo con grandes gestos; a veces basta con detenerse un segundo y reconocer que, igual que Menorca, el amor también tiene su propio ritmo.
Gracias por seguir ahí, por leer, por acompañar este proyecto que crece con cada historia que compartimos.